
Los rayos de sol pardeaban los ventanales del colonial paisaje; cuando, a lo lejos se escucho el grito de un joven.
- ¡¿Qué, que, que haces aquí?! -grito el joven desesperado –
- Baja la voz, ¿quieres? – dijo la chica mientras se acercaba a un pequeño mueble.
- ¡No te me acerques! Sis ya había venido, déjame en paz. –exclamo el chico-
- Descuida, solo vine por algo que ella olvido. –contestó mientras tomaba el pequeño saco de color rojo-
- No tienes vergüenza Hime. –dijo el chico-
- ¿Es eso? O, es que tú me tienes miedo. – contesto Helios tomando por el cuello al chico.
Aquel joven quedo inmóvil, mientras Helios de dejaba caer por el balcón.
- ¡Hime! ¿Te encuentras bien? – Se escuchaba decir una voz desesperada.
Al abrir los ojos, el resplandor de luz se aclaraba a su alrededor. Junto a ella, veía un rostro conocido.
- ¡Hey! No me grites, estoy consciente. – Le preguntaba a aquella chica.
- Lo has logrado, Hime. Disculpe, lo ha logrado mi Teniente. –decía la joven- Pero se ha dado un buen golpe al saltar de aquel balcón. ¿Cómo se siente?
- Estoy bien, Sis. Tranquila, ahora vámonos de aquí. –le dijo mientras se levantaba del pasto –
La tarde había llegado a su fin.


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