Eres tu quien apago todas mis amarguras,
eres tu quien quito mis ataduras.
Porque con tu mirada me desbordas de pasión,
porque con su sonrisa me llenas de ilusión.
Como no enamorarme de ti,
como no adorarte sin fin,
como no llevarte en mi corazón,
como no puedes ser mi razón.
Que hermosa la locura que me hace quererte
bella locura distante queme hace añorarte,
porque me cautivas con tu figura,
porque me sumerges en un mar de torturas.
Hermosa locura,
mi vicio ya no tiene cura,
pues tu me llenaste de fortuna,
llevándome con besos a la luna.
Cali Baal - Enamorada de la Locura
La chica apenas llegaba de un estresante día en el colegio, al entrar a su cuarto un pedazo de hoja cayó a sus pies.
>> Teniente, le esperamos en la segunda base, el único la espera.
Helios se disgusto un poco, dejo sus cosas, se baño y partió con dirección a la base. Al entrar, un chico le informaba sobre el fracaso de una Orden. Sis, una vieja amiga había fayado; la teniente adentraba al salón empujando fuertemente las puertas y gritando.
-¿Cuántas veces les he dicho que no entren a mi casa sin autorización? – Pregunto la chica deteniéndose al entrar.
-Disculpe Teniente, la intención no fue molestarla, pero la necesitábamos con urgencia.- Se escucho decir de voz de un infante.
-¡¿Cómo te atreves a venir en esa facha a ver al Único?! No pareces mí discípula, Hime.- Dijo el joven maestro de la chica.
-Disculpe señor Leo pero le informo que usted no mantiene los gastos de mi ropa. Me puedo presentar ante el Único como se me venga en gana y además ¿cómo carajo quiere que venga vestida, si cada vez que me llaman me tengo que manchar de sangre ajena?- argumento Helios con tono enfadado.
Provenientes del fondo de la sala, se escuchaban unos pasos acercándose a los jóvenes que discutían. Reflejado con la luz de la ventana, el rostro de un chico de unos 20 años de edad; con un solo movimiento en su mano los jóvenes se quedaron sin voz.
-Lamento tener que recurrir a esto amigos míos, pero es preciso que dejen de pelear y me escuchen, además, Leo ¿porque le discutes su vestimenta al Teniente? Acaso, ¿no cautiva tu mirada esas botas rudas? –dijo el joven sonriendo.
Una atmósfera de respeto y sutileza lleno aquel salón.
Era la primera vez que el joven llamado “único”
se presentaba ante los ojos de la chica.
-Disculpe Señor, dígame, ¿a qué debo su llamado? –dijo la teniente.
-La Orden 14 del sargento de primera clase en la división 20, ha fallado. Confió en que tú no me fallaras teniente. Ah! Y por favor, deja de llamarme “Señor”.
-Sí, Señor. –dijo la chica sonriendo.
>> Teniente, le esperamos en la segunda base, el único la espera.
Helios se disgusto un poco, dejo sus cosas, se baño y partió con dirección a la base. Al entrar, un chico le informaba sobre el fracaso de una Orden. Sis, una vieja amiga había fayado; la teniente adentraba al salón empujando fuertemente las puertas y gritando.
-¿Cuántas veces les he dicho que no entren a mi casa sin autorización? – Pregunto la chica deteniéndose al entrar.
-Disculpe Teniente, la intención no fue molestarla, pero la necesitábamos con urgencia.- Se escucho decir de voz de un infante.
-¡¿Cómo te atreves a venir en esa facha a ver al Único?! No pareces mí discípula, Hime.- Dijo el joven maestro de la chica.
-Disculpe señor Leo pero le informo que usted no mantiene los gastos de mi ropa. Me puedo presentar ante el Único como se me venga en gana y además ¿cómo carajo quiere que venga vestida, si cada vez que me llaman me tengo que manchar de sangre ajena?- argumento Helios con tono enfadado.
Provenientes del fondo de la sala, se escuchaban unos pasos acercándose a los jóvenes que discutían. Reflejado con la luz de la ventana, el rostro de un chico de unos 20 años de edad; con un solo movimiento en su mano los jóvenes se quedaron sin voz.
-Lamento tener que recurrir a esto amigos míos, pero es preciso que dejen de pelear y me escuchen, además, Leo ¿porque le discutes su vestimenta al Teniente? Acaso, ¿no cautiva tu mirada esas botas rudas? –dijo el joven sonriendo.
Una atmósfera de respeto y sutileza lleno aquel salón.
Era la primera vez que el joven llamado “único”
se presentaba ante los ojos de la chica.-Disculpe Señor, dígame, ¿a qué debo su llamado? –dijo la teniente.
-La Orden 14 del sargento de primera clase en la división 20, ha fallado. Confió en que tú no me fallaras teniente. Ah! Y por favor, deja de llamarme “Señor”.
-Sí, Señor. –dijo la chica sonriendo.
Un niño siempre puede enseñar tres cosas a un adulto:
a ponerse alegre sin motivo, a estar siempre ocupado con algo
y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea.
> Paulo Cohelo
a ponerse alegre sin motivo, a estar siempre ocupado con algo
y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea.
> Paulo Cohelo
Todo guerrero de la luz ya tuvo alguna es miedo de entrar en combate.
Todo guerrero de la luz ya traicionó y mintió en el pasado.
Todo guerrero de la luz ya recorrió un camino que no le pertenecía.
Todo guerrero de la luz ya sufrió por cosas sin importancia.
Todo guerrero de la luz ya creyó que no era un guerrero.
Todo guerrero de la luz ya falló en sus obligaciones espirituales.
Todo guerrero de la luz ya dijo sí cuando quería decir no.
Todo guerrero de la luz ya hirió a alguien a quien amaba.
Por eso es un guerrero de la luz; porque ya pasó por todo eso y no perdió la esperanza de ser mejor de lo que era.
- Paulo Coelho
Todo guerrero de la luz ya traicionó y mintió en el pasado.
Todo guerrero de la luz ya recorrió un camino que no le pertenecía.
Todo guerrero de la luz ya sufrió por cosas sin importancia.
Todo guerrero de la luz ya creyó que no era un guerrero.
Todo guerrero de la luz ya falló en sus obligaciones espirituales.
Todo guerrero de la luz ya dijo sí cuando quería decir no.
Todo guerrero de la luz ya hirió a alguien a quien amaba.
Por eso es un guerrero de la luz; porque ya pasó por todo eso y no perdió la esperanza de ser mejor de lo que era.
- Paulo Coelho
La oscuridad aumentaba. La niebla se extendía por los altos pinos de la colina. Los pálidos rostros de aquellos jóvenes se hacían notar a cada momento, ya estaban cerca; el camino se hacía más difícil y estrecho, el frio viento parecía doblegar al caminante. Por un momento Helios sentía perder la vista, pero he allí un pequeño campo, perfecto para atacar.
-Mi señora, ¿ya hemos llegado? – preguntaba un joven con tono fatigado.
-Hemos llegado al fin, Yael, tarde y fatigados, pero dispuestos a defender el fuerte.- exclamó la chica al levantar la vista. – No pasara mucho antes de que ellos lleguen a descansar aquí. Jaziel, Gabriel, Eduardo y Zaira, vayan entre las ramas de los extremos. Antonio y Coronel, los quiero en las puntas. Ramsés, ya sabes lo que hay por hacer. – ordenó Helios antes de subir a un sauce.
Los rumores de guerra perseguían a las voces del viento. Poco más de 20 hombres llegaban al claro entre los árboles. "He allí tu presa, cazador" se escuchaba decir de una voz dentro de la mente de la joven líder, poco a poco se avivaba en sus ojos los deseos de sangre, sin moverse un solo centímetro del cuerpo había que esperar a que el comandante de aquellos intrusos llegara. Han quedado dormidos algunos hombres, mientras dos guardias empezaban a percibir el tibio respiro los discípulos. Ha llegado el momento de atacar.
Sin titubear, Helios brincó hacia ellos, quedando de frente al comandante. Un joven no mayor a 18 años, de cabellos negros y ojos oscuros perdidos en asombro y miedo. La chica, acercó firmemente su mano al pecho de aquel joven, sin que este se percatara de la daga que era clavada en el. Sus hombres despertaron intrigados al ver como el muchacho se desvanecía cubierto en sangre al caer al suelo. Jaziel y Zaira degollaban a los guardias al tiempo que Antonio y Coronel despejaban el campo de los intrusos caídos. Eduardo y Gabriel atacaban a espaldas de los hombres. Uno a uno caían muertos a la vista de Helios, cuando un escalofrió recorrió el cuerpo de la chica mientras volteaba la vista al punto donde aguardaba Ramsés; este caía inconsciente.
-Vaya, que buena treta ha tenido, Comandante.- dijo la chica de forma irónica. Vea aquí a sus hombres caídos. Y a su líder escondido en la sombra del enemigo.
-No ha sido tan excelente como tu jugada insignificante basura. Ha logrado engañarme; que uno de tus hombres se haya hecho pasar por muerto para atajarme a espaldas con una lanza, es digno de admirar.- exclamó el Comandante.
La joven mostro la daga del Comandante que sin dar cuenta fue arrebatada de su costado momentos atrás. En un acertado lanzamiento Helios perforaba la garganta del intruso mientras se acercaba sonriendo al hombre sangrando.
-No fue necesaria una gran estrategia Comandante. Solo eres escoria entre los hombres Yael. Un fracasado líder que cae en las mismas tretas, he aquí la perdición de tus superiores, tienen a un puñado de cobardes que mueren escuchando mis palabras. Ahora Antonio, trae a Ramsés, necesita atención. Hay que volver a casa. – concluyo la joven perdiéndose entre las tinieblas del bosque.

