La oscuridad aumentaba. La niebla se extendía por los altos pinos de la colina. Los pálidos rostros de aquellos jóvenes se hacían notar a cada momento, ya estaban cerca; el camino se hacía más difícil y estrecho, el frio viento parecía doblegar al caminante. Por un momento Helios sentía perder la vista, pero he allí un pequeño campo, perfecto para atacar.
-Mi señora, ¿ya hemos llegado? – preguntaba un joven con tono fatigado.
-Hemos llegado al fin, Yael, tarde y fatigados, pero dispuestos a defender el fuerte.- exclamó la chica al levantar la vista. – No pasara mucho antes de que ellos lleguen a descansar aquí. Jaziel, Gabriel, Eduardo y Zaira, vayan entre las ramas de los extremos. Antonio y Coronel, los quiero en las puntas. Ramsés, ya sabes lo que hay por hacer. – ordenó Helios antes de subir a un sauce.
Los rumores de guerra perseguían a las voces del viento. Poco más de 20 hombres llegaban al claro entre los árboles. "He allí tu presa, cazador" se escuchaba decir de una voz dentro de la mente de la joven líder, poco a poco se avivaba en sus ojos los deseos de sangre, sin moverse un solo centímetro del cuerpo había que esperar a que el comandante de aquellos intrusos llegara. Han quedado dormidos algunos hombres, mientras dos guardias empezaban a percibir el tibio respiro los discípulos. Ha llegado el momento de atacar.
Sin titubear, Helios brincó hacia ellos, quedando de frente al comandante. Un joven no mayor a 18 años, de cabellos negros y ojos oscuros perdidos en asombro y miedo. La chica, acercó firmemente su mano al pecho de aquel joven, sin que este se percatara de la daga que era clavada en el. Sus hombres despertaron intrigados al ver como el muchacho se desvanecía cubierto en sangre al caer al suelo. Jaziel y Zaira degollaban a los guardias al tiempo que Antonio y Coronel despejaban el campo de los intrusos caídos. Eduardo y Gabriel atacaban a espaldas de los hombres. Uno a uno caían muertos a la vista de Helios, cuando un escalofrió recorrió el cuerpo de la chica mientras volteaba la vista al punto donde aguardaba Ramsés; este caía inconsciente.
-Vaya, que buena treta ha tenido, Comandante.- dijo la chica de forma irónica. Vea aquí a sus hombres caídos. Y a su líder escondido en la sombra del enemigo.
-No ha sido tan excelente como tu jugada insignificante basura. Ha logrado engañarme; que uno de tus hombres se haya hecho pasar por muerto para atajarme a espaldas con una lanza, es digno de admirar.- exclamó el Comandante.
La joven mostro la daga del Comandante que sin dar cuenta fue arrebatada de su costado momentos atrás. En un acertado lanzamiento Helios perforaba la garganta del intruso mientras se acercaba sonriendo al hombre sangrando.
-No fue necesaria una gran estrategia Comandante. Solo eres escoria entre los hombres Yael. Un fracasado líder que cae en las mismas tretas, he aquí la perdición de tus superiores, tienen a un puñado de cobardes que mueren escuchando mis palabras. Ahora Antonio, trae a Ramsés, necesita atención. Hay que volver a casa. – concluyo la joven perdiéndose entre las tinieblas del bosque.


1 comentarios:
wow, novelas... humm, tengo q confesar que la música de tu blog me sacó un buen susto =/
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