>> Teniente, le esperamos en la segunda base, el único la espera.
Helios se disgusto un poco, dejo sus cosas, se baño y partió con dirección a la base. Al entrar, un chico le informaba sobre el fracaso de una Orden. Sis, una vieja amiga había fayado; la teniente adentraba al salón empujando fuertemente las puertas y gritando.
-¿Cuántas veces les he dicho que no entren a mi casa sin autorización? – Pregunto la chica deteniéndose al entrar.
-Disculpe Teniente, la intención no fue molestarla, pero la necesitábamos con urgencia.- Se escucho decir de voz de un infante.
-¡¿Cómo te atreves a venir en esa facha a ver al Único?! No pareces mí discípula, Hime.- Dijo el joven maestro de la chica.
-Disculpe señor Leo pero le informo que usted no mantiene los gastos de mi ropa. Me puedo presentar ante el Único como se me venga en gana y además ¿cómo carajo quiere que venga vestida, si cada vez que me llaman me tengo que manchar de sangre ajena?- argumento Helios con tono enfadado.
Provenientes del fondo de la sala, se escuchaban unos pasos acercándose a los jóvenes que discutían. Reflejado con la luz de la ventana, el rostro de un chico de unos 20 años de edad; con un solo movimiento en su mano los jóvenes se quedaron sin voz.
-Lamento tener que recurrir a esto amigos míos, pero es preciso que dejen de pelear y me escuchen, además, Leo ¿porque le discutes su vestimenta al Teniente? Acaso, ¿no cautiva tu mirada esas botas rudas? –dijo el joven sonriendo.
Una atmósfera de respeto y sutileza lleno aquel salón.
Era la primera vez que el joven llamado “único”
se presentaba ante los ojos de la chica.-Disculpe Señor, dígame, ¿a qué debo su llamado? –dijo la teniente.
-La Orden 14 del sargento de primera clase en la división 20, ha fallado. Confió en que tú no me fallaras teniente. Ah! Y por favor, deja de llamarme “Señor”.
-Sí, Señor. –dijo la chica sonriendo.


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